viernes, 15 de junio de 2007
La infancia es uno de esos momentos en los que tal vez la atención es lo más importante para uno. Aun así, para esta época, uno de mis mejores amigos, mi hermano, sangre de mi sangre y carne de mi carne es sin duda un pilar significativo dentro de mi compleja vida, con más desventajas que defectos. Absolutamente todo lo compartimos y entrañablemente, lo extraño mucho. Siempre pensé que es un chico brillante y sé aún que será mucho mejor su futuro a pesar de tantos obstaculos que nos hicieron tropezar. Lo peor es sentir las cosas inconclusas. Creo que aún, lo observo buscar respuestas a cómo fue que la vida le dió un giro, en vez de él mismo darsela a su vida. Sin embargo, siento mucho su soledad y el abandono en el que alguna vez estatuvo sumido, y del que yo misma fui testigo. Al fin y al cabo, somos muy diferentes. Aunque ambos seguimos luchando por otra generación que aún se cosecha. Luchamos sin gente que realmente tenga el tiempo para escuchar. Es por eso que dedico mi vida a escuchar y escribir aunque no sea leida. Pero entiendo que todos los niños tienen derecho a ser escuchados y manejar sus sentimientos al instante en el que los padres sienten la capacidad para atender al menos unos segundos. Ahora somos adultos y padres de familia. Ahora nos toca hacer lo que tal vez se nos dió en pedazos fragmentados dejando paso a la inestabilidad e inseguridad. Como sea que fuere la situación, nos toca a todos decidir escuchar. Por el bien de nuestros hijos, y de las próximas generaciones.
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